Sobre el Tadbir
Del Libro Sobre el abandono de sí mismo
Ibn ‘Atâ’ Allah al-‘Iskandari
 
 
  Todo hombre dotado de luces se da cuenta de que el tadbîr es un enfrentamiento contra la Señoría Divina. Cuando te ocurre algo que no quieres, cuando echas de menos algo que has perdido o te sientes preocupado por un asunto, debes tener presente que Él es el Responsable de todo y Quien lo ha traído hasta ti, por lo tanto, te enfrentas a la Señoría Divina y faltas a la condición real de la servidumbre. Recuerda lo que Dios ha dicho: “¿Acaso el hombre no se da cuenta de que le hemos creado de una gota de esperma? Hele ahí como un impugnador manifiesto” (C. XXXVI.77).
 
 

Este versículo es un reproche contra el hombre, por olvidarse del origen de su procedencia y por hacer frente a su Creador, por olvidar el secreto de su manifestación y rivalizar contra Quien le ha manifestado. ¿Cómo puede disputar Sus Decretos, oponiéndose a lo que Él hace o deshace, aquel que Él creó de una gota de esperma? Guárdate, Dios sea misericordioso contigo, del tadbîr frente a Él.

El tadbîr es uno de los mayores velos que impiden el acceso a los secretos del mundo invisible. El tadbîr del alma procede de sus deseos. Si tú te apartas de ellos, por la extinción de la individualidad, fanâ’ y por la permanencia en Dios, baqâ’, a la vez, sin duda que harías desaparecer el tadbîr de ti mismo y para ti mismo. ¡Qué mal servidor es aquel que ignora la forma de operar de Dios, olvidando la excelencia de Su atención! ¿No has prestado atención a lo que Él dice? “Di: Con Dios es suficiente” (C. XIII.14 y otros). ¿Dónde está esa satisfacción con Dios en alguien que practica el tadbîr frente a Él? Si se hubiese contentado con el tadbîr de Dios, habría cortado con su tadbîr frente a Dios.

El tadbîr es el mayor contratiempo, que sobreviene a los que se dirigen a Dios y aspiran a seguir la vía espiritual, antes de que se consolide la certeza y se adquiera la fuerza y la madurez.

La gente profana y extraviada responde por medio de los pecados, de la desobediencia y de sus pasiones, a la llamada de Satanás, de modo que éste no tiene necesidad de sugerirles el tadbîr y, si se lo sugiriese, inmediatamente lo aceptarían. Pero no es esa la manera más poderosa que tiene de hacerse con ellos. Sin embargo, con los hombres de virtud que buscan a Dios, solamente puede entrar de este modo, ya que no puede hacerlo de otra forma. Cuán a menudo, la preocupación del tadbîr y la reflexión sobre los propios intereses hacen que el que practica un wird [i], descuide su wird y su estado de presencia! ¡Cuán a menudo, al que tiene un wird, Satanás busca su punto débil y arroja en él las maquinaciones del tadbîr enturbiando la claridad de tal momento!, porque es tu mayor envidioso cuando te encuentras en un estado de pureza y lucidez.

Las sugestiones del tadbîr acechan al hombre de acuerdo con su estado. Hay quien está preocupado en cómo lograr lo que necesita ese día o al día siguiente. Su remedio está en darse cuenta de que Dios, exaltado sea, es el responsable de su sustento: “No hay ser que ande por la Tierra cuyo sustento no sea cosa de Dios” (C. XI.6). El desarrollo del tema sobre el sustento se hará en un capítulo aparte, si Dios quiere.
Aquel cuyo tadbîr consiste en rechazar el daño del Enemigo, que carece de capacidad propia, debe ser consciente de que, quien teme a Dios, el mechón de su cabello está en Sus Manos y Satanás no puede actuar más que como Dios quiera que actúe. Puede recordar todos estos versículos: “Quien se confía a Dios, Él le basta” (C. LXV.13), “¿Acaso Dios no le basta a Su siervo cuando te intimidan con otro que no sea Él?” (C. XXXIX.36), “Aquellos a los que se les dijo: ‘las gentes se han reunido contra vosotros, temedles’. Esto acrecentó su fe y respondieron: ‘Dios nos basta, ¡qué excelente Custodio’! Volvieron con un beneficio y una gracia de Dios, sin que ningún mal les alcanzara, y obtuvieron la Satisfacción de Dios. Dios posee una gracia inmensa” (C. III.173,174).
Presta atención con el oído de tu corazón a lo que Él quiere decir con estas palabras: “Cuando temas por él, arrójale en las aguas y no temas ni te aflijas” (C. XXVIII.7) [ii]. Date cuenta de cómo Dios es el mejor recurso. Él ofreció su asilo al decir: “Él da asilo y no recibe asilo de nadie” (C. XXIII.88). Él es el mejor custodio de acuerdo con Su palabra: “Dios es el mejor Custodio, y el más Misericordioso de los misericordiosos (C. XII.64).

Cuando el tadbîr se deba a unas deudas que deben pagarse sin falta y cuyos prestamistas no aceptan más demora, piensa que Quien te lo facilitó con Su gracia es Quien con Su gracia se hará cargo por ti. “¿Puede pagarse el beneficio si no es con el beneficio?” (C. LV.60) ¡Qué calamidad la de quien se siente tranquilo con lo que tiene entre sus manos y no se siente tranquilo con lo que está en manos de su Señor!
Si el tadbîr fuese por una familia que has dejado tras de ti, no debes preocuparte. Aquel que se ocupará de ellos tras tu muerte, es Quien se preocupa de ellos, cuando tú estás y cuando faltas, en el transcurso de tu vida. Presta atención a lo que dijo el Enviado de Dios: “Dios mío Tú eres el Compañero de viaje y El que se queda a cargo de los nuestros”. Aquel en quien confías, cuando estás presente, es El mismo en Quien debes confiar, cuando no lo estás. Mira lo que dijo uno de ellos: “Hacia Quien vuelvo mi rostro es a Quien dejo a cargo de los míos. Él siempre es consciente de su estado y, Su favor con ellos, engloba mi favor”. Si Dios es más misericordioso con ellos que tú, no debes preocuparte por quien Él mismo se ocupa.

Si tu preocupación y tu tadbîr se debe a alguna enfermedad que te aflige, y temes que pueda alargarse y complicarse más, piensa que las pruebas y las enfermedades tienen un plazo. igual que ningún ser muere sin que se cumpla el término de su vida, ninguna prueba termina hasta que se cumpla su plazo: “Cuando les llega su plazo no pueden retrasarlo ni adelantarlo una sola hora” (C. X.49).

Cierto maestro dejó un hijo huérfano. Al cabo de un tiempo, el hijo tuvo dificultades y, como su padre tenía varios discípulos dispersos por Irak, pensó en recurrir a alguno de ellos. Por fin decidió ir a visitar al que, según la gente, era el más digno de ellos. Este le recibió y le trató con todo tipo dc atenciones. Luego le preguntó: “Oh mi señor, hijo de mi señor, ¿qué te trae por aquí?”
— “Me encuentro sin posibilidades de ganarme la vida y desearía que le hablases de mí al gobernador de la región para que me concediera algún puesto que solucione mi situación”, le explicó. El shaij permaneció cabizbajo, luego levantó su cabeza y dijo:
— “No está en mi poder convertir el comienzo de la noche en una aurora. ¿Quién seré yo a tu respecto cuando gobiernes Irak?”
El hijo del shaij salió de su casa enojado sin comprender lo que había querido decir aquel hombre piadoso. Pasó el tiempo, el califa buscó a alguien como maestro de su hijo, y le hablaron de él, diciéndole que era el hijo de fulano. De este modo fue llamado para enseñar al hijo del califa. Permaneció con él durante su período de enseñanza y continuó a su lado durante cuarenta años, de modo que, al morir el califa, ese hijo que fuera su discípulo le sucedió en el gobierno del Irak.
Si piensas en una esposa o una esclava que pueda hacerte compañía y preocuparse de tus necesidades, ten en cuenta que los bienes y favores de Aquel que puede facilitártela no se interrumpen jamás. Él es Todopoderoso para concederte beneficios aún mejores que los que tú echas en falta. ¡No seas de los ignorantes!

Los aspectos y particularidades del tadbîr no pueden enumerarse, y no puede hacerse un estudio profundo y detallado de ellos ni siquiera de forma resumida. Cuando Dios te otorgue la capacidad de comprensión te hará conocer cómo debes actuar.